viernes, agosto 21, 2009

El Reencuentro "Salvador" de la experiencia

Noches y noches, muchas luces de neón e historias de mucha diversión pasaron de ese entonces, me cuidaba más y la verdad en parte la vanidad no me cabía en el espejo, hasta que en un momento dado, Zaas!, empecé a aburrirme del Whisky, la música, las historias, las madrugadas y tardes de aventura, el taxigen entre otras toxinas, de las risas y de un mundo de vanidad efímera, lleno de historias que generalmente terminaban mal, termino también por alertarme que por ahí no había futuro, y mientras descendía de ese trance, sin aún pasar de la decepción o las historias que sumaron Katherine M. y Lizeth K.(QEPD), simplemente deambulaba entre trabajar, comprar, cobrar, vender, estudiar por que sí y literalmente wevear.

Que citas?, si, mientras Johanna se la pasaba tratando de decodificar los gestos de Gerardo, no me iba a quedar deshojando margaritas, muy a parte de la diversión aparecieron citas por ahí muy anecdóticas, que me llevaban a creer que las flacas realmente estaban locas, y que teníamos razón en no comprenderlas. Entre ellas una chica que vivía escapando y hablando mal de su ex, hasta que en plena salida, lo vió, pero conmigo, creanme, no saben cuan incomodo puede ser estar ahí, realmente esas cosas te aguan la cita al máximo.

Sin embargo había un lugar donde si podía confiar, un lugar donde si bien mi reputación era un cúmulo de historias de las diferentes fases de mi vida, todo afluía armoniosamente a una imagen de joven sano y trabajador que definitivamente, ni yo me la creía completa, y es que tengo que aceptarlo desde los 14 no solía dejar huella que empañe mi vitrina y justo esa, era mi huella. Eso concluía con una de las imágenes más promocionadas del “enamorado perfecto” con el que las tías les parecía bien que salga su hija, eso me funcionaba como refugio, pues mal que bien, no faltaba regazo donde reposar, aunque la verdad no aliviaban nada, en verdad no se acercaban a lo que buscaba, y lo que había tenido definitivamente era un sueño que no se conseguía a metros de mi casa. Dentro de toda esta confusión, dio a lugar una chica muy noble y linda de 18, Katherine S., con la tuvimos una corta relación de 30 días que sumándolo a salidas u otros llegaba a lo mucho a dos meses, la verdad definitivamente no estábamos hechos el uno para el otro, y lamentablemente me tuve que dar cuenta en medio de una partida de billas, que en parte decidí que esto tenía que tener un final por lo sano sino cambiaba su actitud callada, dócil, de conversación sin consistencia y el hecho de irme a buscar hasta el cansancio a mi casa y aparecerse por todo lado, menos en una noche.

Estaba cansado de muchas cosas y me fui, para variar, a comprar algo de ropa en Saga Falabella, recuerdo, fueron dos pantalones. y venía yo en mi taxi a eso de las 19:00 horas y me encuentro con Johanna en la tienda, comprando su clásica Inca Kola de 1.5 l. retornable:

- Hoola que tal que ha sido de tu vida (lo que en verdad decía era ¿por que no has salido conmigo?, me haré el que estoy muy normal y no me interesan chiquillas como tu…)

- Hola que tal como estas, vienes de compras, y como va todo ene. trabajo.

- Pues bien, como va todo en la San Martin

- Bien

- … Y que tal con los chicos?

- Pues estuve con un pata pero por muy poco

- ¿Cuánto?

- Un mes

- ¿De allá?, ¿Cómo se llamaba?

- Si de allá, pero el nombre ¿para que te interesa?… (Una pregunta que se volvió clásica en su vocabulario, será de conocer parte de mi pasado o no se por que)

Lo cierto en esta conversación, es que respondía a una anterior que había tenido con sus amiguitas ex Carmelinitas y San Martinitas, las cuales habían hábilmente deducido que nosotros a esa edad preferíamos a alguien con experiencia, y prometiéronse que al próximo pata que encontraran le iban a decir que ya habían tenido enamorado.

Bueno el resultado fue tal cual, averigüé que por fin había besado y que había estado con un pata que despues intentaría llamar Salvador (lo cual onviamente no era cierto), y atiné a invitarle un café ese sábado en un plan muy de amigos para ver que era de su vida. En ese cuarto café, como tres meses después de la última vez de habernos visto, el conversar realmente ameno de muchas cosas, entre ellas las que queriamos conseguir o por que nos gustaba lo que estudiábamos, o simplemente como era ahora nuestra vida me ayudó a aclararme el cerebro, la verdad una muy buena conversación que extrañaba de hace mucho, no cabe duda que las mujeres con seso me atraen sobremanera. Y justamente este café, otra vez en el algun momento Zugatti del alguna vez bonito Marina Park, entre capuccino, Chicken Mustard y un café mocca es el que me permitió ilusionarme en muchas respuestas a preguntas que ya citaba aquí y que iban al meollo de mi problema hasta el momento, no diferenciaba lo que quería de lo que necesitaba.