Es increíble lo que he visto, tantas cosas salir de mi corazón, y tenias razón, ya no me hacen daño, tengo tantas ganas de vivir, ya no existen en esos dibujos colgados en mi pared, ya no existo colgado y ahora me siento protagonista de esto, de alguna manera u otra apostándolo todo, es mi manera de ser, hay tantas cosas bellas que puedo dar, realmente no me había dado cuenta, de cuantas historias había dejado de escribir, gracias a Dios viví la mejor.
56, que pasa después del nefasto 55, dos veces el número que marca mi nombre, dicen dos veces lo mismo, es negación; y 56, es suma; es crecer, y ya no da tanto miedo, no te miento que siento el dolor que olvido plagado en mi ser, que huí, pero ahora enfrentándome un poco a un espacio donde ya no estoy, me doy cuenta que es otro lugar, hay otro cielo y otro aire, hay otro color sobre los edificios, y es azul, a pesar del invierno, que por cierto disfruto tanto. Estaba calculando cuanto me saldría estar melancólico, pero caí en la cuenta que ya no existen lugares sacros de melancolía y que la posada sale cara, y no lo merece.
Es cierto, el vino calma los dolores del corazón, nunca más cierto, y no hace falta muchos la verdad, a menos que sea el caso de corazones apasionados (como el de Willy) que necesitó la misma cantidad en ron, hasta quedar inconsciente. Vaya!, el amor, es cosa seria, para aquel que lo ve como un sueño, y una cosa de locos para aquel que sabe que vivir es amar y que amar es un camino nada más, pero no existe nada más, para ser feliz.
Somos cazadores de recuerdos, todos en un tren, y otros en la estación, algunos tomando fotos, otros distraídos sin darse cuenta, los paisajes pasan frente a nosotros y a veces no sabemos ni adonde van, otros quedan estampados en nuestra memoria; algunos, decidimos quedarnos en la estación a esperar el mismo tren que nos levará al mismo lugar, y no existe un mismo lugar dos veces, gracias por sacarme de la estación, a empujones (sonrisa).
Somos cazadores de sueños en un rincón de la ciudad, queriendo hacer una calle de 80 metros, Dios sabe donde vamos, algunos corriendo, algunos sentándose sobre una alfombra esperando a hacerla volar y otros caminando disfrutando la brisa de la estación.
Además en lo mejor de todo el camino se encuentra lo que ilumina tu vida, es la luz que te llevas de los demás, es lo que hay en tu alma que ilumina tus ojos. En la noche le pregunte a Will, mostrándole algunas fotos en las que se nos ve tan felices, y le pregunté:
- ¿Ves luz aquí, ves felicidad?
- mirando la foto fijamente me dijo un tímido “si”
- Hoy, ¿esto existe?
- el me respondió “no”
- Entonces con confianza le mire y le dije “Acaso por eso deja de ser luz”
- Supongo que “No”
No quiero suponer del miedo que tienes de recordar, ni de lo que prefieras pensar o sentir, de lo que te confunda y de los frías o no que puedan estar tus manos; estoy seguro que te contemplaba en todas partes y sobre todo en la mesa, es lo que dejé y siempre quise dejar, ahora creo en verdad cuando dije “Que sabemos del amor…”, y no quiero que esto suene como una postal de aquel que quiere volver, en verdad, solo es una postal.
No lo niego, en algún momento pensé en no darte la ayuda que prometí, después del ultimo Knock out, sin embargo, es de justicia y de amor estar aquí para ti, solo que con otra clase de amor que poco a poco, va volviendo claro esa copa de Cabernet Zirah y lo vuelve cada vez un Chardonay. Salud, por los 56, o el siempre -1.
Me gustaría saber de ti, aunque no le puedas hablar al recuerdo.

