martes, junio 02, 2009

La chiquilla de la Inca Kola


Que diferencia a un niño de un científico cuando estan en emergencias de un hospital, que diferencia a un software de un cd vacío, que diferencia una semilla de una pepa; generalmente, en manos de quien esta. Pero es extraño diferenciar, contando una fabula en la oficina, caminando por la vida, es dificil escuchar la voz de aquel angel ciego.

Es hora de empezar, me dije yo, al llegar a la PC después de saber que William siguen intentando entregar el corazon y después de revelarle mi tremendo temor a que lo hieran, a que se gane por querer aquellas marcas, que como dije sin querer, "Te hacen más experto, pero no mejor" y entonces recorde...

Aquellos días en la tienda, aquellas interminables noches con Franco, con Jhonattan, con William y otros amigos pasajeros, tratando de explorar tantas cosas entre comentarios, ciertamente con los primeros dos pertenecíamos a una generacion "Jackass", llena de vida en las manos y con ganas de chocarla en un carrito de "experiencias" contra un arbusto adrede. En esos días, los ejercicios eran uno de mis fuertes, me gustaba estar bien, mas por motivo de vanidad y venganza que por salud, en tal definitivamente no habia un cuerpo sano y menos una mente sana. Por las noches de bruma, perdiendo sueños, vagando por parques y calles pensando en miles de proyectos, comprando luces a mis ojos al precio de un pensamiento, citando millones de sueños y experiencias, derrotas y victorias, persiguiendo un tren sin boleto. Y entre muchas experiencias simplemente chocabamos, buscando aquella luz, que no sabiamos si iba a algo nuevo, ahi venia la pregunta: ¿Que era realmente "algo nuevo"?, y siendo así como iba uno a saber cuando realmente se te cruza el amor.

Allí, justo alli, entre tantos sueños sobre decepción y tunante experiencia agrupada con dolor, apareció una pequeña por su Inca Kola de todas las tardes entre las 3 y las 4, a veces en la noches, justo cuando no podía conversar, sin embargo que entretenido era verla llamando por teléfono, escondido cual chiquillo, sin querer atreverse a acercarse por miedo a alejarla, y con exabruptos de atrevimiento de las puras ganas de acercarme; entre uno de ellos y guiandome de un momento de seguridad con mis polos exactos, que según yo, me quedaban muy bien, me lanzé a pedirle su teléfono, por si acaso me atrevia a llamar. Podía llamar a cualquiera de las chicas que sabia que iban a salir conmigo, sin embargo el miedo a llamar a ese teléfono, me atraía más.

Me atraía más observarle de lejos, entre las conversaciones con amigos, verla mientras que indiferente con sus pantalones de hilo etnicos, y sus politos color caqui, lo cual me atraia más, pues no era una chiquilla de las que se vestían con pastel, rosa y blanco, era ella misma, yéndose de la tienda con su capucha azul, traqui ella, con su paso de "lao a lao". La verdad no se por que, pero eso me atraía muchisimo, la coquetería no importaba mucho, eso andaba sobrando en la enseñanza femenina, en ese mundo donde importaba una flaca rica, pulula como las clases de cocina para las hijas "que algún día serán madres", que abundaban por ahi. Ella era distinta, un descubrimiento en el monton. Suponía que no tenía enamorado, aunque cuando supe que estaba en la universidad lo supuse, sin embargo, ver sus ojitos blancos mirandolo todo con aires d e curiosidad, es algo que aunque se alla ido, extraño siempre, abiertitos, chinitos y porfiados a la vez.

Su cintura se dejaba vislumbrar de su silueta, y me traía en conjunto con su figura, nunca me gusto la voluminosidad, pero la actitud de aquella imagen era lo que dejaba cautivo a un lobo, en duda de como acercarme y no alejar a aquella pequeña presta del mundo, y con una manera diferente de ver las cosas, con una crítica racional, con una forma de ser como es, con cierta tranquilidad en el movimiento de sus brazos, con un cabello ondeado que brillaba con su sonrisa, su seriedad inicial no me engaño, un día le hice una broma, y vi que tenia una tierna sonrisa, que acompañaba definitivamente a esos ojitos locos.

Un buen día conversando con un amigo, y ante los consejos de Carlos Valle, otro amigo, muy cercano para entonces, decidí no dejar pasar la oportunidad, con una pose de un poco coqueto, y tratando de alijerar la situación, el pedí su teléfono, y me lo dió. ¡ Buena chochera! la hicimos, ahora, venia la peor parte en verdad, como acercarme a aquella muchacha que era tan difrente a mi parecer, no habia técnica conocida, ni regla que me asegurara no molestar la situación y volverla tensa. Hacer cualquier cosa hubiera significado que me cayeran los padres de aquella chica que no salía mucho, y no hacerla hubiese significado ver un día a un chibolo con aquella picara duda de mi razón.

Despues de inmadura vanidad en mi vida, descubría no saber de ella, y prendia el farol de un muelle con una barca esperándome, una experiencia, o una vida, un amor u otra decepción que podía ser el hecho de tener otra clase de chica a la cual tacharía como presedente, no queria eso, no más...

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